Una Historia

Alfonso Ruíz / 24-11-2011 17:48:24

Un sudor frío recorrió todo su cuerpo, en una fracción de segundo. El reloj marcaba las 4 de la madrugada y estaba solo en la habitación de aquel hotel. Las sábanas estaban húmedas y su cuerpo empapado en el alcohol que poco a poco iba destilándose de la noche anterior. Estaba algo desorientado, no recordaba cuanto tiempo llevaba acostado ni como había llegado hasta allí. Las últimas conexiones con la realidad, lo situaban en el salón de bodas de un hotel bailando la canción de moda

  Un sudor frío recorrió todo su cuerpo, en una fracción de segundo. El reloj marcaba las 4 de la madrugada y estaba solo en la habitación de aquel hotel. Las sábanas estaban húmedas y su cuerpo empapado en el alcohol que poco a poco iba destilándose de la noche anterior. Estaba algo desorientado, no recordaba cuanto tiempo llevaba acostado ni como había llegado hasta allí. Las últimas conexiones con la realidad, lo situaban en el salón de bodas de un hotel bailando la canción de moda con una copa en una mano y una cintura de mujer en la otra. Era la boda de uno de sus mejores amigos y la fiesta había comenzado desde temprano. 

Se levantó de la cama para ir al servicio, estaba un poco mareado y sentía una gran sequedad en la boca. Se echó agua abundante en la cara y bebió un poco. Al volver al dormitorio se fijó en que había estado en una habitación bastante lujosa, durmiendo en una cama de matrimonio muy elegante. Presumiblemente era el mismo hotel de la boda, de cinco estrellas. Aunque no recordaba haber reservado ninguna habitación en el mismo. Era la primera vez que estaba en un hotel de gran categoría y ni siquiera era consciente de ello. Tampoco le importaba demasiado, lo que quería era volver a dormir y no despertar hasta que aquel dolor de cabeza no hubiese desaparecido del todo. Al meterse en la cama, notó que algo se le clavaba en la espalda. Tocó con su mano hasta que dió con lo que parecía ser un pendiente de mujer. Se rascó la cabeza y se frotó la cara en repetidas ocasiones. ¿Había estado con una mujer esa noche? O ¿el servicio de limpieza del hotel no hacía honor a sus cinco estrellas? Tanto, una teoría, como la otra, se le antojaban poco probables, pero esa sensación no hacía menos verdad, que en sus manos tenia un pendiente y que, sin ser un tipo muy inteligente, podía deducir que antes de pasar por las sábanas de la cama, habían adornado el lóbulo de una mujer.

Todo aquello le intrigaba sobremanera aunque no tenía la cabeza suficientemente clara para recordar nada. Todavía sentía no estar del todo sereno y la habitación le empezaba a dar vueltas. Sacó un pie de la cama para intentar al menos mitigar la velocidad del techo.

Sintió una mano que tocaba su pie y lo metía debajo de la colcha, pero sus párpados no se despegaron y continuó durmiendo.

Abrió un poco los ojos y ante el apareció la figura de una mujer arropada por una luz tenue que apenas permitía distinguir las líneas de su rostro. Continuó mirando fijamente a sus ojos sin poder distinguir quien era aquella persona misteriosa. Pensó en encender la luz para salir de aquella incertidumbre pero había algo que le impedía dejar de tener sus ojos clavados en aquellas líneas perfectas, en el que una luz de contra, permitía distinguir unos cabellos castaños y largos. Se sentía intrigado, pero a la vez estaba embriagado con el momento. No quería que esa sensación desapareciera tan pronto. Mientras tanto la mujer permanecía inmóvil, mirándole fijamente también. Al fín, se giró y se dispuso a irse muy lentamente. El se quedó mirando como se marchaba, con el deseo ferviente de que se quedara, pero las palabras no salieron de su boca. Permaneció en silencio pero con el corazón bombeando con fuerza, mientras ella salía de su habitación.

Su mirada se clavó en la puerta con la ilusión de que ésta se volviera a abrir, y aquella chica con los cabellos castaños entrase, esta vez, con la luz encendida para poder apreciar los rasgos de la persona con la que había compartido aquel momento de intimidad, en el que ni uno ni otro tuvo el valor de mostrarse.

Cuando había perdido toda esperanza, sonó una tarjeta introduciéndose en la puerta. El pomo giró y la puerta se abrió.

-         Ah, disculpe, no sabíamos que seguía la habitación ocupada, como son más de las doce ya…

La señora de la limpieza del hotel se volvió y cerró la puerta tras de si. El hombre se percató de lo tarde que era, recogió sus cosas y salió de la habitación. Antes, echó un ultimo vistazo a aquel lugar mágico que había compartido con aquella chica misteriosa, que quizás no volviera a ver nunca más o quizás sí.

Al pasar por la recepción tuvo la tentación de preguntar por la persona que había cogido la habitación en la que había dormido, pero decidió salir a la calle para fumarse un cigarro. Con los rayos de sol calentando su cabeza pensó, que todo aquello no había sido tan fascinante como en un principio había sentido. Llamó a un taxi y mientras apuraba el cigarrillo, se convencía de que solo había sido una noche más de borrachera aunque en lo más profundo de su ser una sensación de vacío se había apoderado de su alma.

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