Un Niño Jesús atribuido al círculo de Martínez Montañés, a restauración en Carmona

Ezequiel García / El Correo de Andalucía / 08-05-2019 11:14:43

El taller de Luis Maqueda Toro, Estudio de Restauración y Conservación de Bienes Culturales, está llevando a cabo la intervención de una escultura en madera de cedro policromada del insigne imaginero

Un Niño Jesús atribuido al círculo de Martínez Montañés, a restauración en Carmona

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Que Carmona es una joya histórica y cultural es más que evidente. Pero que también es cuna de insignes imagineros y gente preocupada por el arte, reafirma esta idea. Y con una juventud que ha heredado un patrimonio centenario. Es el caso de Luis Maqueda Toro, restaurador que tiene la suerte de tener en su taller una escultura en madera de cedropolicromada del Niño Jesús (16cm x 55cm x 20cm) que guarda muchas sorpresas.

Según los estudios realizados por el catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos I Javier García Luengo-Manchado, por sus características formales dicha obra, procedente de una colección particular de Carmona, se puede contextualizar en la órbita que de esta tipología estableció el insigne escultor Martínez Montañés, según atestigua “la dulzura de sus rasgos, el suave contraposto, así como la distribución del cabello, los ojos y su mirada”. A tenor de lo descrito, la datación se circunscribiría a mediados del siglo XVII, participando pues plenamente de la estética de la imaginería barroca sevillana.

Esta talla articulada con mecanismo de galleta y espiga, en hombros y codos, con el fin de facilitar su vestido, fue realizada con probabilidad para alguna capilla particular o iglesia de Carmona, según testimonian los abundantes restos de cera y hollín que se hallan en el cabello y peana.

Los primeros estudios radiográficos de la obra, revelan una segunda capa de estuco y repintes en rostro, manos y pies, mostrando dos tipos de encarnaduras, aunque muy similares, de pincelada uniforme y color homogéneo. Asimismo, el estudio radiográfico de la escultura muestra un embón a unión directa con cola, y agujas metálicas en algunos dedos, con seguridad de una intervención anterior.

La restauración y la investigación que lleva a cabo el conservador y restaurador Luis Maqueda Toro, determinará una aproximación a la autoría de la escultura. En definitiva, nos enfrentamos a la restauración de una obra de evidente calidad, que, por otra parte, testimonia bien los procesos de trabajo de la imaginería sevillana del Barroco.

Para Luis Maqueda, la imagen necesita “medidas de conservación que le confieran estabilidad en el tiempo”. Para alcanzar un estado óptimo de todos los materiales es necesario una limpieza general de la suciedad superficial, ceras y agentes biológicos, así como una consolidación general de todas las capas de estuco y policromía. Este aporte de estabilidad es necesario para abarcar una restauración que le devuelva la originalidad de la obra.

La restauración, según Maqueda Toro, “puede proporcionar más datos sobre la autoría de la imagen, ya que el estudio integro analizará la ejecución de la talla y la forma de trabajo del artista, datos que son únicos de cada imaginero y que se pueden validar como la firma de uno u otro escultor”.

Dos cuadros para los Servitas de Sevilla

Asimismo, Luis Maqueda Toro ha firmado un contrato con la Hermandad de los Servitas de Sevilla en la que restaurará dos de las cuatro pinturas que forman un conjunto pictórico sobre momentos de la Virgen, en concreto La Anunciación y María Madre de Dios (Adoración de los Reyes Magos). Obras del siglo XVIII entre 1719 y 1740, fechas de la fábrica de la Capilla de los Dolores. Pinturas anónimas, aunque cercanas al taller de Domingo Martínez, maestro de Juan Espinal, Andrés de Rubira o Pedro Tortolero.

Las pinturas se encuentran ennegrecidas debido a dos factores, oxidación de los materiales y varias capas de barnices. Presentan gran cantidad de rotos, rajas y pérdidas del tejido original. También suciedad superficial, agentes xilófagos en las capas celulósicas de la madera, carbonizaciónpor aproximación a una fuente de calor, pérdidas de las capas de estucooxidación del barniz original, y oxidación del barniz industrial del siglo XX; rotos, rajas y repintes.

Los cuadros corresponden con la pintura de la escuela sevillana de época pos-barroca al encontrarse estos en un proceso de evolución, mezclando la estampa devocional religiosa, el barroco más académico y la moda rococó. Esta simbiosis se da en pintores pensionados en la Academia de Roma, siendo discípulos de pintores de formas acusadas. En Sevilla la pintura no se adapta a las nuevas atmósferas y formas, pese al influjo que Francia, Italia y Alemania llegan a extender por toda las cortes europeas, lo que advierte que la pintura sevillana comprendida en gran parte del siglo XVIII se vea contagiada del influjo de las obras de Murillo.

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