Por qué es una buena idea diseñar y enviar postales

El Día de Carmona / 07-01-2019 20:46:19

En nuestro mundo, donde las nuevas tecnologías e Internet lo invaden todo, hay objetos que, ante la amenaza de la desaparición, al ser sustituidos por un medio digital que cumple su cometido más rápidamente y a mejor precio (incluso gratuitamente), han decidido sobrevivir cambiando su función y su significado. Los objetos no tienen la cualidad de decidir nada, pero los personificamos para incidir en ese aspecto que ha hecho posible su supervivencia: el convertirse en cosas personales.

Por qué es una buena idea diseñar y enviar postales

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La tarjeta postal es uno de esos náufragos del siglo XXI que gozan de buena salud, en parte por las nuevas tecnologías, que permiten diseñar e imprimir postales en imprentas digitales que funcionan en Internet. Porque, ironías de la vida, es Internet el que está propiciando el sueño de la personalización de los objetos. Hoy, quien lo desea tiene una taza con su nombre, o una camiseta con la cara de su pareja; o en otro orden de cosas, puede autoeditar su propio libro con unos pocos ejemplares. Y todo esto se puede lograr porque hay procesos de producción que se han puesto al alcance de los consumidores gracias a las virtudes de la red.

La tarjeta postal tiene una larga historia que algunos remontan a la China antigua en donde las familias de la aristocracia se enviaban papeles con dibujos a modo de invitación, o para solicitar ser invitado a casa de alguien. Al parecer, esto originó un interesante metalenguaje en el que no solo los dibujos, sino las dobleces de las tarjetas (en la esquina izquierda o la derecha, o doblada por la mitad) significaban cosas distintas como “iré”, “no te invitaré” o “a partir de ahora somos enemigos”. Esto cautivó a los nobles franceses de la corte del rey sol, Luis XIV, que se entregaron con pasión a la costumbre de mandarse tarjetas entre ellos.

Con el siglo XIX y la industrialización, la tarjeta postal se normalizó (sobre todo en lo que se refería al tamaño), para adaptarla a los requisitos de las compañías postales. Se empezaron a producir masivamente, y al final, con el desarrollo de la fotografía, fueron cambiando los dibujos por fotos. En el siglo XX se convirtió casi en una obligación protocolaria enviar una postal a los amigos o a la familia con la foto de algún edificio representativo o una maravilla natural del país al que se iba de vacaciones. Ahora, con la aparición de Facebook, WhatsApp o Instagram, la postal se ha quedado sin función. Aparentemente.

Precisamente, el abandono de su carácter funcional es lo que ha permitido la metamorfosis de la postal. Se ha convertido en un objeto, en una cosa que nosotros podemos tocar y sobre la que podemos escribir con nuestras propias manos. Será una foto o un dibujo que decorará nuestra pared, nuestra mesa o nuestra ventana. Obviamente, antes también era una cosa, pero el contraste con las imágenes y los mensajes de las redes sociales ha acentuado ese valor material de la postal, por la eliminación de su función. Es un hecho conocido que la existencia de Internet ha revalorizado los objetos, como todo editor de libros en papel puede atestiguar. Nadie regalará nunca un pdf o un epub, sino un libro de papel, a poder ser, dedicado.

De este proceso ya se habían empezado a dar cuenta en los años 60 los seguidores del arte pop que defendían el valor artístico de expresiones populares como los comics o las propias postales. A la postal le ha pasado como a esos aperos de labranza, que al perder la batalla con la moderna maquinaria agrícola se convirtieron en cuasi obras de arte que son admiradas en museos y exposiciones. Por eso es buena idea seguir enviando postales, porque dirán mucho más de lo que decían antes de la era de Internet. Porque en el momento en que han dejado de ser un mero medio de comunicación se han convertido en un fin en sí mismo. Un fin y un nuevo medio para alojar y transportar nuestras inquietudes y nuestros puntos de vistas sobre el mundo y sobre la vida. Ahora, que además las podemos diseñar, enviar postales es enviar parte de nosotros.

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