La Alameda de Alfonso XIII volverá a lucir como en los felices años 20

El Correo de Andalucía / Ezequiel García / 16-05-2017 08:40:57

La intervención, necesaria por el vandalismo, será posible gracias al Plan Supera V. Su origen como zona pública puede remontarse al siglo XVI con la construcción de la Fuente de los Leones

Ha sido lugar del surgimiento de decenas de noviazgos en la ciudad de Carmona. Sombra para el turista, recogimiento para el anciano, paseo para familias completas en domingos soleados. Pero también, foco del vandalismo, de la mala educación, de pintadas, destrozos e incluso la desaparición del busto del alcalde republicano Curro Elías.

La Alameda de Alfonso XIII, pulmón verde del arrabal carmonense, quiere recuperar su aspecto acogedor. Gracias al Plan Supera V de la Diputación de Sevilla, el pleno municipal aprobó destinar parte de los 630.000 euros que recibirá la localidad, en su restauración.

El uso público de este espacio se remonta, al menos, al siglo XVI, momento clave. Según cuenta Juan Manuel Román, arqueólogo municipal, “sobre 1515, se constata un hecho que será fundamental para el desarrollo de este espacio para uso y disfrute público. El Concejo de Carmona solicita a la reina Juana I de Castilla (Juana “la loca”) permiso y 50.000 maravedíes para la construcción de una fuente pública, dos pilares para el ganado y la demolición de varias casas necesarias para el acceso a la fuente”. 

Los motivos esgrimidos por el Concejo se basan en que los carmonenses “tienen que tomar el agua para consumo directamente de una poza sombría e insalubre situada en la desembocadura de la antigua mina romana de San Antón, en las proximidades de la actual calle Joaquín Costa, lo que provocaba problemas graves de salud y enfermedades”, añade. 

La reina autorizó las obras y se construye la Fuente de los Leones y los pilares, demoliéndose algunas casas situadas, probablemente, en la actual calle de la Fuente. A partir de entonces, “ésta sería la fuente pública de Carmona, que aunque sustituida por la construida en la esquina de la calle Joaquín Costa en época de Carlos III, tras los cambios sufridos en este espacio, abasteció de agua potable a los carmonenses hasta época muy reciente y que convirtió este espacio en un lugar transitado e importante”, indica Román. Curioso el dato de que, anterior a esta fecha, la mina de agua romana que allí desembocaba pudo albergar un acueducto que transportaba el líquido elemento hacia el caso urbano de la ciudad, y que quedó destruido en el terremoto de Carmona de 1504, según citó Bonos en su día.

Si bien este espacio no ha sufrido intervenciones arqueológicas de calado, consultando las Actas Capitulares de la ciudad puede llegarse a varias teorías: “El agua sobrante de los pilones y la fuente discurría hacia la Vega, lo que quizás pudo generar un espacio arbolado y fresco, agradable al paseo, que quizás por entonces empezó a llamarse como Plaza de Abajo, y que debió restar confluencia a lo que hoy es el Paseo del Estatuto, donde se vendía ganado y se encontraba más expuesto a las inclemencias climáticas”, añade Román.

El propio arqueólogo sitúa durante el reinado de Carlos III la fecha en la que comienza a configurarse como Alameda propiamente dicha: “En ese momento se realizan obras de remodelación en la vaguada, que incluyen la construcción de una nueva fuente, la de la esquina de Joaquín Costa, quedando anulados los antiguos caños y siendo remozada con nuevos surtidores la de Los Leones”, incide Román. 

Según las referencias en las Actas Capiturales sobre las obras de mantenimiento tanto de la fuente como de la antigua mina de agua, es entonces cuando se diseñará y urbanizará este espacio como paseo público o alameda, constando con recorrido lineal en sentido norte-sur, acabando en su extremo meridional en una glorieta de forma poligonal con una fuente en medio, que en 1805 sería sustituida por la Fuente del Pato (Bartolomé Vázquez de Pina) y un obelisco. De esta configuración de la Alameda original existen representaciones gráficas como el grabado realizado por Chapuy (1840) o el plano de Carmona realizado en 1868 por García Pérez. Los árboles de este primer paseo eran álamos, de ahí su nombre.

Por último, durante los años 20 del siglo pasado, con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929, se reconfigura la Alameda, llevada a cabo por Juan Rodríguez Jaldón, basada en el regionalismo de Aníbal González. Aunque en la configuración del espacio no habrá grandes transformaciones con respecto al paseo de Carlos III, es entonces cuando se añaden numerosas farolas de forja, poyetes y bancos decorados con azulejos inspirados en los de la Plaza de América en Sevilla. Asimismo, los antiguos álamos serán sustituidos por los plataneros orientales actuales, mucho más apropiados para reducir las inclemencias climáticas. Una joya histórica que volverá a brillar.

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