Igualdad

Alfonso Ruiz / 13-10-2016 14:07:38

Un tema en el que aún queda por recorrer bastante. Una pequeña reflexión que ronda por mi cabeza desde hace algún tiempo y quería dejar plasmada en 'papel'.

En mis años de colegio a  mi profesor se le ocurrió hacer un debate sobre la igualdad de género,  para lo que dispuso la clase en dos grupos elegidos por él mismo.  Un grupo debía defender la postura del feminismo y otro grupo la postura del machismo.  En el grupo del feminismo había niñas y niños, en el grupo del machismo solo niños.  El debate comenzó con el alegato de cada grupo, defendiendo las “bondades” de cada postura, y como podéis imaginar acabó derivando en un intercambio de reflexiones absurdas en defensa del propio postulado. Conforme avanzaba el debate, la defensa del feminismo la tomó el propio profesor que terminó expresando que éste era la defensa de la igualdad entre hombres y mujeres.  Nos preguntó, al grupo machista, que si realmente pensábamos lo que habíamos defendido durante el ejercicio, a lo que respondimos que sí embriagados aún por el fragor de la dialéctica. Realmente, mi defensa del machismo era, en mayor medida, porque era el ejercicio que nos habían puesto. La reafirmación frente al profesor también respondía a que no nos caía demasiado bien, pero más allá de todo eso había una cuestión más importante. En la argumentación del profesor sólo cabían dos posturas con las que alinearse, sino eras machista, tenías que ser feminista. En aquella época ya me parecía que yo no encajaba con esa dicotomía. Desde luego no quería ser machista pero tenía claro que tampoco feminista.

Éste siempre ha sido un tema recurrente en mi vida, el hecho de no querer ser machista no implica que en la práctica no lo seas o no lo puedas ser. Siempre he tenido la preocupación de convertirme en alguien que no quiero ser por omisión o dejación más que por acción. En este caso en concreto ahora tengo claro que realmente era lógico que no encajara en ninguna de las dos posturas, porque lo contrario del machismo no es el feminismo como explicaban en aquellos libros de texto. Que conste que nunca he estado en contra del feminismo pero el hecho de que me lo vendieran como algo que no es me producía cierto rechazo.

El feminismo no es la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres, el feminismo es un movimiento que pretendía, y sigue pretendiendo igualar y/o conseguir los mismos derechos y prebendas que tiene el hombre para la mujer. Parece lo mismo pero no es lo mismo. Partimos de la base que el hombre tiene más derechos y ventajas que la mujer en la sociedad en la que vivimos y queremos que la mujer se iguale con esas ventajas.

No seré yo quien descubra las bondades del feminismo ni el avance que ha conseguido para nuestra sociedad. No se entendería la historia del siglo XX sin este movimiento que ha conseguido colocar a la mujer también como protagonista de la historia y de su historia.

Pero para mí y en la búsqueda de una igualdad real el feminismo tiene una deficiencia; está orientado desde el prisma único de la mujer hacia el hombre. Lo que ha funcionado muy bien en el siglo XX, debe dejar paso a otro movimiento en el XXI que sea capaz de instaurar un modelo más cooperativo y menos competitivo que éste. Que sea capaz de disertar y estudiar las necesidades y problemáticas de las mujeres, pero también de los hombres.  En definitiva un movimiento que haga desaparecer para siempre el machismo, pero que también haga innecesario el feminismo.

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