El montañista Alberto Román corona la Pique Longue del pirineo francés

El Día de Carmona / 19-12-2019 18:42:27

El carmonense Alberto Román Sánchez, de 41 años, coronó en solitario el sábado día 7 de Diciembre la Pique Longue (3.298m.) del macizo del Vignemale, pico más alto del pirineo francés, realizando así una de las travesías invernales más alpinas que se pueden realizar en dicha cordillera. Le entrevistamos para conocer a fondo esta aventura.

El montañista Alberto Román corona la Pique Longue del pirineo francés

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- Alberto, porqué esa montaña y no otra?

- Hace justo diez años, con mi gran amigo Fernando, conseguíamos esa misma cumbre, eso sí, en verano. Lo que me aportó personalmente no se puede explicar, el hecho de proponérselo, entrenar y finalmente conseguir el reto me cambió internamente, la forma de ver y tomarme la vida. Externamente y lo que mi entorno pudo comprobar, es que fue el comienzo de una etapa llena de actividades y emociones en alta montaña, buscando siempre el subir pelín más alto. Es ahora, justo 10 años después y con las prioridades en la vida algo diferentes a las de entonces, cuando se me brindaba la oportunidad de volver a estar en aquella cumbre, esta vez en invierno, y de algún modo cerrar un ciclo, “me activé coronando esta cima en verano y me relajaré ahora un poco coronándola en modo alpino”.

 

En compañía de sus compañeros del CLUB ALPINO SEVILLANO (Helena, Marcos, Andrés, Ismael, Babi y Antonio), y conmemorando el 50º Aniversario del mismo, salen de Sevilla el jueves 5 a las 20:30. Tras toda la noche conduciendo y parte de la mañana llegan por fin a Cauterest, pequeña comuna de Francia localizada en el departamento de Altos Pirineos, donde dejan aparcado el vehículo y ultiman los preparativos de la travesía.

Sin más y con punto de partida en el Pont d’Espagne comienzan la jornada de aproximación hasta el Refugio de Oulettes, una subida de unas 5 horas remontando todo el valle de Gaube pasando por el impresionante Lago de Gaube, con un solazo y un buen tiempo que creían no merecer, pero la noche anterior entera sin dormir, la carga completa en la mochila y alguna antigua lesión empezándole “a dar ruido”, hicieron estragos en nuestro vecino, y al llegar al refugio dudase si a la mañana siguiente intentar hacer cumbre o desistir y comenzar la bajada.

 

- Alberto, ¿decidiste en serio en algún momento abandonar?

- Por supuesto, llevaba varios factores en contra: me coge en un momento de mi vida no muy entrenado para este tipo de actividad, empezar a subir sin haber dormido la noche antes, con la mochila cargada entera y sin aclimatar me había desgastado muchísimo. Para más inri y aunque no me enorgullezca de ello, no pude contar con mis botas teniendo que alquilar otras, que al no estar acostumbrado a ellas os aseguro que llegué al refugio dolorido y reventado, y con una antigua lesión de rodilla empezando a darme la cara. Esa misma noche les comentaba a mis compañeros que a la mañana siguiente bajaría hacia el coche sin hacer cumbre, solo me preocupaba la rodilla, el dolor por las botas y el bajar cuanto antes. Pero después de la noche en el refugio y tras un sueño más que reparador las cosas se ven diferentes, y ya allí y con el pico a la vista… ¿cómo volverse para casa sin ni tan siquiera intentarlo?

 

Alberto decide junto a algunos de sus compañeros (otros deciden abandonar), afrontar el día de cumbre, dando comienzo a las 7:30 a una jornada muy exigente donde se debe estar en buena forma física, contar con la equipación adecuada para este tipo de ascensiones donde se tocan palas de nieve, algún paso aéreo muy expuesto, glaciar y finalmente la trepada de la cumbre con su corta pero delicada cresta del final, donde la peligrosidad no es poca y depende siempre del estado aleatorio de la nieve.

 

- Alberto, ¿tuviste algún problema serio?

- Había mucha nieve, avanzábamos con dificultad y con una lentitud que no esperábamos, además como comentaba, tuve problemas con las botas, los cuales fueron a más, y mi ritmo de ascensión fue incluso más lento que el de mis compañeros, lo que me hizo ir prácticamente solo en todo momento, pero sin perderlos de vista. Esto provocó que en lugar de hacer cumbre como era lo esperado sobre las 13:00 para estar de vuelta de día al refugio, ellos lo hicieran sobre las 16:00 de la tarde y yo a las 17:00. Me cruzo con mis compañeros en la trepada final, ellos bajando y yo subiendo, me dicen que se vuelven ya sin pérdida de tiempo y me recomiendan que me vuelva con ellos sin hacer cumbre, pues que te pille la noche de vuelta y solo no es en absoluto recomendable, más bien lo contrario incluso tachado de temeridad. Mi suerte fue que también bajaban dos valencianos, los cuáles se ofrecieron a esperarme a que hiciese cumbre y hacer los tres juntos la vuelta al refugio. Trepé como alma que lleva el diablo, con la adrenalina por las nubes, no había dolor, ni miedo… solo mucha concentración para no errar y la seguridad de que la soñada cumbre ya era mía.

 

- ¿Qué sentiste cuando llegaste a la cima?

- Una felicidad extraña, no era la primera vez que hacía una cima en solitario y los sentimientos se repitieron en esta ocasión: por un lado, felicidad y no poca por el logro y superación personal, por otro lado estar ahí y no poder compartirlo con nadie… es como si te faltase algo, y por último y más importante, cuando tomas consciencia de todo, te recreas un poco con las vistas y se hace uno la foto de cumbre (selfie en este caso) es el momento de pensar que la cima no es más que la mitad del camino, y es cuando un sentimiento amargo recorre tu cuerpo, suerte que es solo un instante porque no hay momento que perder, si bien subiendo va uno pensando en llegar a la cima, ahora bajando un único pensamiento pasa por la mente… volver y de una pieza.

 

- ¿Qué hubiera pasado si no hubieran estado los valencianos para hacer la vuelta contigo?, ¿te hubieras vuelto con tus compañeros sin hacer cumbre?

- Lo correcto, acertado y prudente hubiera sido eso mismo, desistir, pues como dicen… “una retirada a tiempo siempre será una victoria”, en esas circunstancias y ese entorno tan hostil uno no debe arriesgar, pero… después de lo sufrido en la subida y a tan poquito de la cumbre… sinceramente no creo yo que me hubiese frenado nada, aunque mejor no planteárselo, las cosas fueron como fueron y por suerte no tuve que tomar esa decisión.

 

- ¿Qué tal se desarrolló la vuelta?

- Comencé la bajada con mis dos nuevos compis valencianos sobre las 17:30 y teniendo que iluminar ya con el frontal para no perder la huella de subida puesto que la luz que había era ya insuficiente para ello. Personalmente la bajada me fue muy mal, sentía mucho dolor por las botas y solo empezar a bajar comencé a sentir molestias en ambas rodillas, en parte por antiguas lesiones y en parte por no saber ya ni como pisar con las botas para reducir el dolor, cosa que me preocupó bastante pues quedaban aún 4 horas de camino de vuelta en noche cerrada, a dos valles del refugio y algún paso delicado aún por pasar.

 

- ¿Sentiste miedo en algún momento?

- Sinceramente… si, como comentaba y cuando de lesiones se trata… uno no sabe cuál puede ser el último paso que puedes dar, y si ese paso es a 4h. del refugio… mejor no pensarlo, solo quería dejar atrás el conocido “Paso Willy”, se trata de atravesar en horizontal una pendiente de unos 70 grados donde no está permitido un resbalón, tropiezo o mal paso, “fallas y no lo cuentas”, teniendo por debajo más de 500 metros de caída. Recuerdo en esta zona, a cada paso, acordarme de todos mis seres queridos y decirme: NO LES PUEDO FALLAR, TENGO QUE VOLVER, TENGO QUE VOLVER…

 

- ¿En qué momento supiste que volvías sano y salvo?

- Una vez solventado sin problemas el Paso Willy y no quedando zonas técnicas que pasar, supe que todo era cuestión de tiempo y esfuerzo, solo quedaba una pequeña subida remontando un puerto y la bajada final pero no corta hasta el ansiado refugio. En el punto donde estaba y siendo ya casi las 20:00 de la tarde, fui consciente que ralentizaba la marcha de mis compañeros y aumentaba la incertidumbre en el refugio sobre nuestro estado, por lo que les insistí en que me dejasen a mi ritmo, que bajasen cuanto antes e informasen de mi situación, que estaba bien excepto por el dolor de las botas, y que salvo algún imprevisto inesperado llegaría por mis propios medios al refugio como mucho dentro de dos horas, y que solo en el caso de que tardase más de tres entonces se planteasen salir en mi busca. Me despedí de ellos y comencé mi vuelta de nuevo en solitario, sin problemas, pero con muchísimo dolor por las botas… llegué por fin a las 21:30 al refugio donde aguardaban muy preocupados mis compañeros. Ya solo quedaba ese día saborear la cena… y la cima, comentando la dura jornada del día y a descansar.

Al día siguiente solo quedaba una bajada de unas 3-4 horas hasta Pont d’Espagne donde teníamos aparcado el vehículo, eso sí, apareciendo de nuevo el dolor insoportable por las botas.

Pero respondiendo a tu pregunta de forma realista… SUPE QUE VOLVÍA SANO Y SALVO CUANDO ENTRÉ POR LA PUERTA DE CASA Y ABRACÉ A MI MUJER.

 

- ¿Próximo reto?

- Ni pensarlo quiero, por ahora tengo nieve para rato… ya se verá.

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