Barbarismo Político

Manuel Toranzo / 15-01-2014 17:57:59

El problema que actualmente corre por la sangre enquistada de España es más bien un haz de problemas con múltiples perfiles. Por la parte que me toca no quisiera hacer un elogio de una actividad tan melancólica como la filosofía. No en vano, la filosofía tiene la pretensión de condensar el mundo en una suma de formas conceptuales. Por eso mismo no puede ser más que melancólica, porque su tarea es un fracaso premeditado.

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Tribuna Libre

El problema que actualmente corre por la sangre enquistada de España es más bien un haz de problemas con múltiples perfiles. Por la parte que me toca no quisiera hacer un elogio de una actividad tan melancólica como la filosofía. No en vano, la filosofía tiene la pretensión de condensar el mundo en una suma de formas conceptuales. Por eso mismo no puede ser más que melancólica, porque su tarea es un fracaso premeditado. Mi intención es, más bien, reabrir el debate de mi última publicación, la cual se interna en el problema de la inane cultura política española ¿Cuáles podrían ser los medios que como cangilones en movimiento llenaran ese hueco político, esa ausencia de lo político en el espíritu haraposo de España? ¿Acaso no es la escuela un medio excepcional para ir insuflando en las cabezas de los más jóvenes esa fruición por el destino del país, esa erótica de lo político? 

En teoría la educación es la que salvaguarda la cultura de un pueblo, y un pueblo es tanto más culto cuanta más educación tiene. Esto –no se entienda mal- no quiere decir que con tener ese edificio físico que se llama Universidad baste. La educación en cuanto tal es una substancia mucho más volátil que esa construcción arquitectónica. Al igual que la política no es sólo sus infraestructuras y sus partidos, sino que tiene más bien que ver con el interés por una fauna de problemas, así también la educación es una voluntad consistente por mantener el edificio de la cultura sano. Sin embargo, lo menos que puede decirse tanto de nuestra cultura como de nuestra educación es que están enfermas, que están plagadas de patologías y son pasto de un sinfín de parásitos –literalmente-. No nos dejemos engañar: que existan entidades físicas como la Universidad o los Institutos no implica necesariamente que exista la educación; igualmente porque existan los edificios donde se reúnen los prosélitos de los partidos políticos o que exista un pleno donde todos los profesionales de la misma se congregan, no significa que exista la política. Tenemos aquí un caso particular de eso que los sociólogos del último tiempo llaman vide, o sea, vacío. Las instituciones son mera envoltura tras las que no tiene por qué existir un corazón nervudo cuyo latido actualice el organismo en cuestión. No nos dejemos engañar señores. Porque se casen Fulanita de tal y Menganito de cual no significa que se amen. El matrimonio es una prueba tan exterior del amor, tan insubstancial, como lo es la Universidad de la educación o la infraestructura política de la política. 

En todo caso el asunto del que se hablaba era de cultura política en esta nación de sempiterna somnolencia que es España. Y, sinceramente, las medidas educativas más que avivar el alma de esta bella durmiente, lo que hacen es cloroformizarla. La próxima reforma educativa, la LOMCE, va a acabar de un plumazo con “Educación para la ciudadanía” y “Ética”, y va a convertir la asignatura de “Filosofía” en algo así como un café en que se digieren las asignaturas que requieran esfuerzo. En realidad, y siendo sinceros, esto tampoco es tan grave. A fin de cuentas, la manera en estas asignaturas se imparten actualmente es pésima. El problema es que no se intente mejorar su enseñanza, sino que se acabe con ellas. Esto es un ejemplo de lo que se conoce vulgarmente como matar mosquitos a cañonazos; es como si alguien del hambre sufrida en el pasado, determinara como solución dejar de comer. Si miramos las leyes educativas de un país del que –mal que nos pese- debiéramos aprender mucho, como es Francia, entenderíamos que la pedagogía tiene que ser una plataforma indispensable para la educación política. Y es que los franceses –cuyo rasgo más propio es su gusto por la discusión- empiezan a estudiar valores cívicos de manera obligatoria en primaria, con una asignatura específica, y secundaria, como un bloque dentro de “Ciencias Sociales”. Y todo esto -¡¡milagro!!- sin que se vea esa asignatura como una ofensa a la educación religiosa. Además la forma propia que tienen de evaluar, lo que ellos llaman dissertation, exige en el alumno una cierta madurez mental que le hace ver los aspectos positivos y negativos de un problema, y las posibilidades que existen de integrar ambos aspectos en una síntesis

En los tenderetes verdes del Sena que resisten consistentemente el pasar del tiempo –Baroja o Azorín reconocen haber comprado libros ahí- podemos encontrar toda una zoología de libros de diferentes temas, libros que sólo encontraríamos en España en bibliotecas especializadas se pueden encontrar en París dando un paseo por esa lengua de cristal que es su célebre río. Me dirijo al estante de mi biblioteca donde guardo algún libro comprado allí: La phenomenologie de la perception de Maurice Merleau Ponty. Un libro de ardua lectura -530 páginas con letra pequeña-, un libro que no está hecho para leer en la cama hasta que se coja el sueño; un libro que hay que leer con los codos hincados en la mesa y con una luz tenue que vaya bañando la página a medida que se avanza. En fin, un libro de claustro, no de salón. 

Pero para tomar alguna muestra de esta voluntad francesa no hace falta pasear fumando pipa por los bordes del Sena, o cruzar Les Champs de Mars para dirigirse a la siempre erguida esquelética Torre Eiffel. Sólo con ver su cine se vislumbra que los franceses tienen ciertas inquietudes intelectuales. No hay una película francesa donde no se aluda a diferentes asuntos culturales –literatura, filosofía, ciencia, etc.-. Este gesto, que por lo demás a mi me parece hipócrita y pedante, pues más que demostrar un interés parece querer insinuar que se tiene de hecho, o sea, que puede interpretarse más que como un ser culto efectivo como un querer aparentar cultura; este gesto –como digo- condensa toda una pretensión francesa. Mientras que en España personajes como Torrente –de ese espantajo de la vulgaridad que es Santiago Segura- cuentan con un público pleno y hacen un elogio de la incultura, el cine francés al menos quiere aparentar ser culto. No digo que lo sea de hecho, pero al menos cree que aparentar que se es culto es algo noble, al menos recoge su postura y dice: “a ver si imitándola se me pega algo”, como hace el pintor primerizo que imita los cuadros lucífugos de Velázquez. El cine francés al gustarse de aparentar ser culto hace una reverencia a la cultura, así como el cine español –una clase, claro, no es bueno generalizar, pero curiosamente una clase con éxito- al gustarse de la apariencia de incultura hace un guiño a lo bárbaro, a lo salvaje, al gorila larvado que seguimos conservando dentro de nosotros.

¿Cómo pretendemos entonces interesarnos por la política? ¿Es ésta acaso una actividad de gorilas? ¿Resulta ahora extraño que los españoles al hablar de política demuestren una insensibilidad manifiesta para los problemas y una sencillez primitiva en las soluciones? Pongo una muestra. Recuerdo que durante las últimas elecciones, tras el naufragio inevitable del PSOE, una persona que curiosamente ahora forma parte de esa institución –una persona, y doy el dato, con carrera universitaria, para que quede manifiesto que Universidad no es equivalente a educación, a cultura- me comentó: “El PSOE es que se preocupa de los pobres, pero el PP sólo de los ricos”. Sin duda una afirmación de este tipo retrata a cualquiera, lo retrata sin ningún volumen, apenas sin superficie, porque de una persona que argumenta así lo más que se puede decir es que es superficial. Una línea o un punto, la unidimensionalidad –que no deja espacio ni al plano ni a la tercera dimensión- es lo se debe decir de una persona así ¡Y ahora forma parte de una agrupación política! Lo malo es que su caso no es una excepción. La política, así, no es que esté muerta, es que no existe. El hombre de hoy debiera aprender del gorila al menos los valores de la discreción. Preparémonos para la inminente invasión de los bárbaros. 

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